El 63,2% de las empresas españolas afirma que los costes energéticos perjudican su actividad. Es el factor que más pesa, según la Encuesta del Banco de España sobre la Actividad Empresarial (EBAE) del tercer trimestre, recogida en el informe trimestral de la economía española de octubre de 2026.
El porcentaje sigue lejos del casi 80% registrado en 2022, tras el inicio de la guerra de Ucrania, pero los costes energéticos siguen siendo el factor que más empresas señalan como perjudicial para su actividad.
Pagar más por la electricidad o el combustible es solo una parte del problema. Cuando suben los costes de producir, transportar o prestar un servicio, cada empresa tiene que decidir cuánto asume y cuánto puede trasladar a sus precios sin perder clientes.
Qué frena hoy la actividad de las empresas
Según el Banco de España, estos son los principales factores que perjudican la actividad empresarial en el tercer trimestre de 2026:
- Costes energéticos: afectan al 63,2% de las empresas, 1,4 puntos más que en el trimestre anterior.
- Incertidumbre sobre la política económica: afecta al 57,6%, con 4,4 puntos menos.
- Disponibilidad de mano de obra: afecta al 43,1%, prácticamente igual que tres meses antes.
- Gastos por intereses de la deuda: afectan al 26,8%, 2,5 puntos más, con una incidencia algo mayor entre las pymes.
- Acceso a la financiación: supone una dificultad para el 18,2%, 5,4 puntos más, aunque su incidencia sigue siendo moderada.
Estos porcentajes no indican cuánto han aumentado los gastos, sino qué proporción de empresas considera que cada factor perjudica su actividad. Un mismo negocio puede verse afectado por varios a la vez: pagar más por sus suministros, tener dificultades para contratar personal y soportar mayores gastos financieros.
Quién está más expuesto
La exposición depende del peso de cada gasto en la actividad y de la capacidad para revisar precios.
En la industria y el transporte, la energía y el combustible pueden representar una parte importante del coste de cada pedido o servicio. En el comercio y la hostelería, la presión puede proceder de varios gastos al mismo tiempo: suministros, personal, alquileres y compras a proveedores.
Los contratos también influyen. Una empresa que puede actualizar sus tarifas con frecuencia tiene más margen de reacción que otra que trabaja con precios cerrados durante varios meses. Por eso, dos negocios del mismo sector pueden notar de forma muy distinta una subida parecida de sus costes.
Vender más no siempre significa ganar más
El margen comercial es la diferencia entre el precio de venta y el coste del producto. Un ejemplo permite ver cómo se reduce cuando aumentan los gastos.
Una empresa vende un producto por 100 euros y le cuesta 75 fabricarlo y distribuirlo. Su margen es de 25 euros, el 25% del precio de venta.
Si los costes aumentan un 10% y el precio se mantiene, pasan a 82,50 euros. El margen baja entonces a 17,50 euros, es decir, al 17,5% del precio.
Con un aumento del 10% en los costes, el margen por unidad se reduce un 30%.
Es un ejemplo ilustrativo, no una estimación del Banco de España. Muestra cómo una subida moderada de los costes puede recortar, en proporción, mucho más el beneficio de cada operación.
Trasladar la subida al precio no siempre es posible
Una empresa que vende productos muy parecidos a los de sus competidores puede perder pedidos si sube sus tarifas. Otra que trabaja con contratos a precio cerrado tendrá que esperar a la siguiente revisión.
También hay negocios que deciden mantener los precios para conservar clientes o proteger sus ventas. En ese caso, necesitan saber cuánto margen están sacrificando.
El Banco de España señala que los costes se han trasladado solo en parte a los precios de venta, y que las expectativas de precios para los próximos doce meses permanecen prácticamente sin cambios. Las empresas están absorbiendo, por tanto, una parte del aumento de los costes.
Qué revisar antes de modificar las tarifas
- Margen por producto, servicio o cliente: una subida de costes no afecta por igual a todas las operaciones.
- Costes fijos y variables: conviene distinguir los gastos que se mantienen aunque cambien las ventas de los que aumentan con cada unidad producida o vendida.
- Contratos y tarifas: comprobar cuándo pueden actualizarse los precios y si existen cláusulas de revisión.
- Ventas y beneficio bruto: si la facturación aumenta, pero el beneficio bruto no crece en la misma proporción, conviene revisar qué costes están reduciendo el margen.
Un margen positivo tampoco garantiza que haya dinero disponible en caja. Si los proveedores han subido sus precios, cada pedido puede exigir un desembolso mayor antes de que llegue el cobro del cliente. El cobro puede producirse semanas después de haber tenido que pagar los costes del pedido.
Por eso, al valorar un nuevo pedido, no basta con calcular cuánto beneficio dejará. También conviene saber cuánto dinero habrá que adelantar para atenderlo y durante cuánto tiempo permanecerá comprometido.

