Durante años, reconocer una empresa fintech era sencillo: ofrecía una alternativa más ágil y digital a un servicio financiero concreto, ya fuera pagar, invertir o financiarse.

Un documento reciente de la Asociación Española de FinTech e Insurtech (AEFI) plantea que esa forma de identificar el sector está cambiando. Según AEFI, la tecnología financiera está dejando de ser únicamente un producto independiente para convertirse en una capa de infraestructura integrada en buena parte de la economía digital: presente en más sitios, pero cada vez más difícil de distinguir a simple vista.

Las finanzas aparecerán donde surja la necesidad

Uno de los cambios que AEFI sitúa en el centro de esta evolución es el crecimiento de las finanzas integradas (embedded finance): incorporar servicios financieros (pagos, financiación, seguros o inversión) directamente dentro de plataformas y aplicaciones que, en origen, no son financieras.

Un comercio electrónico puede ofrecer financiación en el propio proceso de compra; una aplicación de gestión puede integrar pagos sin que el usuario tenga que salir de ella. Para el cliente, esto significa que el servicio financiero aparece en el momento en que lo necesita, sin acudir a una entidad distinta para contratarlo. Para las empresas, según recoge AEFI, supone algo más profundo: las capacidades financieras pueden convertirse en una funcionalidad más dentro de su propia relación con clientes y proveedores.

Los pagos, cada vez menos visibles

AEFI señala los pagos como uno de los terrenos donde este cambio ya se percibe con más claridad. Transferencias instantáneas, pagos entre cuentas y wallets están haciendo que la infraestructura que mueve el dinero resulte cada vez menos relevante para quien paga: lo que importa es que la operación sea inmediata, sencilla y segura.

Según el documento, esto puede desplazar la competencia desde el propio medio de pago hacia todo lo que lo rodea: integración con otros servicios, interoperabilidad, seguridad y reducción de pasos para completar una operación.

La inteligencia artificial, de asistir a decidir

La IA ya se usa en análisis de riesgos, prevención del fraude o automatización de procesos. AEFI apunta a un salto adicional: los agentes de inteligencia artificial podrían pasar de ayudar al usuario a realizar tareas concretas a analizar sus necesidades, comparar productos y, dentro de límites establecidos, ejecutar operaciones en su nombre.

Esto tiene una consecuencia que el documento subraya especialmente: si distintos proveedores ofrecen un producto similar, empieza a importar quién controla la interfaz desde la que el usuario compara y decide, no solo quién ofrece el mejor producto.

Más datos no siempre significan mejores decisiones

AEFI conecta esta evolución con el desarrollo del open finance, la ampliación del actual open banking a un conjunto más amplio de datos e instrumentos financieros.

Lo que AEFI añade es un matiz importante: disponer de más información no garantiza, por sí solo, mejores servicios. La diferencia estará cada vez más en la capacidad de interpretar esos datos y convertirlos en decisiones útiles, algo estrechamente ligado a la propia evolución de la inteligencia artificial, pero también a la privacidad, la seguridad y el control que mantenga el usuario sobre su información.

Activos digitales: de las criptomonedas a la tokenización

El documento de AEFI recoge también un cambio en el debate sobre activos digitales, que durante años estuvo centrado casi exclusivamente en las criptomonedas y ahora se amplía hacia la tokenización: representar digitalmente otros instrumentos financieros y usar nuevas infraestructuras para emitirlos, negociarlos o liquidarlos.

El marco europeo MiCA aporta ya un entorno regulatorio más definido para buena parte del mercado de criptoactivos, mientras la tokenización explora aplicaciones que van más allá. Según AEFI, su desarrollo dependerá de la interoperabilidad, la seguridad jurídica y su capacidad de integrarse con las infraestructuras financieras ya existentes.

Cuanta más tecnología, más regulación

Por último, AEFI señala que esta mayor presencia de servicios financieros dentro de otros procesos digitales exige reforzar la identificación de usuarios, la protección de datos, la prevención del fraude y la capacidad de mantener los servicios operativos ante una incidencia tecnológica.

Aquí ganan protagonismo las RegTech (empresas que aplican tecnología al cumplimiento normativo, la verificación o la supervisión), en un contexto en el que la entrada en aplicación de DORA ya ha elevado las exigencias europeas sobre resiliencia operativa digital y gestión del riesgo tecnológico en el sector financiero.

Un sector que se mide por lo que deja de notarse

El documento de AEFI resume esta evolución con una idea que merece quedarse: la madurez del fintech podría terminar midiéndose por algo aparentemente contradictorio, que usemos cada vez más tecnología financiera sin ser del todo conscientes de que la estamos usando.

Para las empresas del sector, esto cambia también las condiciones para competir. Ya no basta con presentar una tecnología novedosa: su integración con otros servicios, el cumplimiento normativo, la seguridad y la capacidad de operar a escala adquieren cada vez más peso en esta nueva etapa.


Fuente: ¿Cómo será el ecosistema FinTech del futuro?, Asociación Española de FinTech e Insurtech (AEFI)

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