El último trimestre del año es un buen momento para revisar la liquidez de la empresa y empezar a pensar en el cierre del ejercicio.. Facturación, gastos, resultados, impuestos o inversiones realizadas durante el año forman parte de esa revisión.
Pero hay otra pregunta que conviene hacerse antes de llegar a diciembre: ¿con cuánto dinero disponible empezará realmente la empresa el próximo año?
No es necesariamente lo mismo que cerrar el ejercicio con beneficios. Una empresa puede haber vendido más de lo previsto y terminar el año con un resultado positivo, pero comenzar enero con una tesorería ajustada si una parte importante de esas ventas todavía está pendiente de cobro.
Precisamente, las necesidades de circulante han ganado peso entre las pymes. Según el XV Informe sobre Financiación de la Pyme en España de SGR-Cesgar, el 51,2% de las pymes tuvo necesidades de financiación en 2025. Entre las empresas que necesitaron financiación, el 73% la destinó a circulante, frente al 64,6% del año anterior.
El último trimestre ofrece precisamente una oportunidad para anticipar esas necesidades antes de que se conviertan en un problema de liquidez.
Diciembre no debería ser el final de la previsión
Una previsión de tesorería realizada en octubre no debería terminar necesariamente el 31 de diciembre.
Si el objetivo es saber cómo comenzará financieramente el próximo ejercicio, conviene extenderla al menos hasta enero y, dependiendo de la actividad de la empresa, incluso algo más.
El punto de partida es sencillo: cuándo se espera que entre el dinero y cuándo tendrá que salir.
En los cobros no basta con incluir las ventas previstas. Hay que situar cada ingreso en la fecha en la que razonablemente estará disponible. Una factura emitida en noviembre con vencimiento a 60 días puede formar parte de las ventas del ejercicio, pero no aportará liquidez hasta enero.
Lo mismo ocurre con los pagos. Nóminas, proveedores, impuestos, cuotas de financiación, alquileres o inversiones previstas tienen fechas diferentes y pueden concentrarse en determinados momentos.
Al colocar cobros y pagos en un calendario aparece una información que la cuenta de resultados no ofrece: el saldo de caja previsto en cada momento.
Facturar más no significa necesariamente tener más caja
Esta diferencia resulta especialmente importante al final del ejercicio.
Imaginemos una empresa que entra en octubre con 40.000 euros disponibles. Durante el último trimestre prevé facturar 150.000 euros y afrontar pagos por 120.000.
A primera vista, las cifras parecen cómodas. Pero si 80.000 euros de esas ventas no se cobran hasta enero mientras que la mayor parte de los pagos debe realizarse antes de terminar diciembre, la fotografía cambia.
El problema no está en el volumen de ventas, sino en cuándo se convierten esas ventas en dinero disponible.
Además, las fechas pactadas no siempre coinciden con las fechas reales. Según el Estudio sobre Comportamiento de Pago de las Empresas Españolas de Informa D&B, las empresas españolas pagaron durante el segundo trimestre de 2026 con un retraso medio de 14,36 días sobre los plazos acordados.
Por eso una previsión prudente no debería construirse únicamente con la fecha que aparece en la factura. El comportamiento habitual de cada cliente también puede ayudar a estimar cuándo llegará realmente el cobro.
Localizar el momento en que la caja toca mínimos
Una previsión de tesorería no sirve únicamente para calcular cuánto dinero habrá disponible el 31 de diciembre.
Puede ocurrir que una empresa termine el año con 50.000 euros en caja pero que durante unas semanas de noviembre su saldo previsto caiga hasta los 5.000. Ese mínimo puede ser más importante que la cifra final del ejercicio.
Es lo que permite detectar si existe margen suficiente para afrontar un retraso inesperado, un gasto extraordinario o una caída puntual de ingresos.
También permite identificar con antelación qué provoca la tensión: varios clientes que pagan después de Navidad, una concentración de pagos a proveedores, una inversión prevista para diciembre o simplemente unos plazos de cobro más largos que los plazos de pago.
Un desfase de tesorería no es lo mismo que un problema estructural
Esta distinción es fundamental antes de buscar financiación.
Una empresa puede tener 60.000 euros en facturas que cobrará en enero y necesitar 30.000 euros en diciembre para atender sus pagos. Existe una necesidad de liquidez, pero también existen derechos de cobro identificados que generarán caja unas semanas después.
Es una situación diferente de la de una empresa cuyos ingresos ordinarios no son suficientes para cubrir de forma recurrente sus gastos.
En el primer caso existe principalmente un desfase entre las fechas de cobro y de pago. En el segundo puede haber un problema de rentabilidad, costes, endeudamiento o estructura financiera que requiere otro tipo de decisiones.
La financiación puede cubrir una necesidad temporal de caja. No debería utilizarse para ocultar indefinidamente un desequilibrio que se repite mes tras mes.
Las facturas pendientes también forman parte de la planificación
Cuando la tensión procede precisamente de ventas realizadas que todavía no se han cobrado, esas facturas pueden formar parte de la solución financiera.
El anticipo de facturas permite convertir un derecho de cobro futuro en liquidez antes de su vencimiento: la empresa no tiene que esperar necesariamente hasta enero o febrero para disponer del dinero correspondiente a una venta ya realizada. En este tipo de operaciones también se analiza el perfil del cliente que debe pagar la factura.
Esto permite relacionar la financiación con el origen concreto del desfase: hay dinero que todavía no ha entrado porque el plazo de cobro es posterior al momento en que la empresa necesita disponer de él.
No significa que todas las facturas deban anticiparse ni que hacerlo sea siempre la opción adecuada. La previsión sirve precisamente para calcular qué necesidad existe, durante cuánto tiempo y en qué momento aparece, en línea con las señales que suelen anticipar una necesidad de financiación de circulante.
Anticiparse también permite financiar solo lo necesario
Detectar una tensión de caja cuando ya han vencido los pagos deja poco margen para decidir.
Hacerlo con varias semanas de antelación permite comparar alternativas y, sobre todo, calcular mejor cuánto dinero se necesita realmente.
Si la previsión muestra que el saldo mínimo se producirá a mediados de diciembre y que los cobros previstos de enero devolverán la caja a niveles normales, la empresa puede dimensionar una necesidad temporal concreta.
Si, por el contrario, la falta de liquidez continúa durante los meses siguientes, la previsión está indicando algo distinto y conviene analizar sus causas antes de limitarse a buscar financiación adicional.
Esa es probablemente la información más útil que puede proporcionar el último trimestre: no solo cómo terminará el ejercicio, sino cómo empezará el siguiente.
Cerrar diciembre con beneficios es importante. Llegar a enero sabiendo qué se va a cobrar, qué se tendrá que pagar y qué margen de liquidez quedará disponible permite tomar las decisiones financieras antes de necesitarlas.