Dos empresas presentan unas cuentas muy parecidas. Tienen un volumen de negocio similar, unos resultados aceptables y un nivel de endeudamiento comparable. Sin embargo, una obtiene financiación en pocos días y la otra necesita un proceso mucho más largo.

¿Qué explica esa diferencia?

Durante mucho tiempo, el análisis financiero se basó casi exclusivamente en documentos como el balance, la cuenta de resultados o el historial de la empresa. Esa información sigue siendo imprescindible, pero hoy ya no siempre es suficiente para entender la situación real de un negocio.

La digitalización ha cambiado la forma en que las empresas generan y comparten información. Como consecuencia, también está cambiando la forma de analizar el riesgo financiero.

El balance sigue siendo imprescindible

El balance anual continúa siendo uno de los documentos más importantes para conocer la salud financiera de una empresa. Permite saber cómo está estructurado su patrimonio, cuál es su nivel de endeudamiento o cómo ha evolucionado su actividad.

El problema no está en el balance, sino en el momento en que se consulta.

Cuando una empresa solicita financiación, esas cuentas pueden corresponder a un ejercicio cerrado hace varios meses. Desde entonces pueden haber cambiado muchas cosas: aumentar las ventas, incorporarse nuevos clientes, reducirse los plazos de cobro o, por el contrario, aparecer dificultades de liquidez que todavía no se reflejan en la contabilidad anual.

Por eso, cada vez es más habitual complementar esa información con datos más recientes.

Una fotografía más cercana a la realidad

Hoy existen herramientas que permiten conocer mejor cómo está funcionando una empresa en el momento en que se realiza el análisis.

Siempre con autorización de la propia empresa y respetando la normativa aplicable, es posible incorporar información como la evolución de los cobros, los pagos, la actividad de las cuentas bancarias o el comportamiento reciente de la tesorería.

No se trata de sustituir las cuentas anuales. Se trata de añadir contexto.

Porque una empresa no es exactamente igual que hace nueve meses, aunque su último balance siga siendo el mismo.

Analizar la evolución, no solo la fotografía

Imaginemos dos empresas con unas cuentas muy parecidas.

La primera lleva varios meses aumentando su facturación y mantiene un ritmo de cobros estable.

La segunda ha perdido parte de su actividad y empieza a acumular retrasos en algunos pagos.

Si solo se analizan las cuentas del último ejercicio, ambas pueden ofrecer una imagen similar. Sin embargo, su situación actual es muy distinta.

Disponer de información más reciente permite entender mejor esa evolución y tomar decisiones con una visión más completa del negocio.

No significa que una empresa vaya a obtener financiación automáticamente. Los criterios de riesgo siguen existiendo. Pero sí ayuda a que el análisis refleje mejor la realidad del momento.

Un cambio que ya se aprecia en la financiación alternativa

Esta forma de analizar el riesgo no es solo una tendencia de futuro. En algunos modelos de financiación alternativa lleva tiempo formando parte del proceso de evaluación.

Por ejemplo, en el anticipo de facturas, el análisis no depende únicamente de las cuentas anuales de la empresa que solicita financiación. También resulta determinante la calidad del crédito comercial, el deudor que debe realizar el pago o las características de la propia operación.

Hace unos meses explicábamos precisamente qué miran los inversores cuando financian una factura, y por qué este tipo de financiación analiza factores diferentes a los de un préstamo tradicional. Más que sustituir el balance, incorpora otros elementos que ayudan a valorar el riesgo de cada operación de forma más precisa.

Una tendencia que seguirá evolucionando

El desarrollo de nuevas tecnologías y el intercambio seguro de información financiera están acelerando esta evolución.

Investigaciones presentadas en un foro del Banco Mundial sobre análisis del riesgo crediticio, elaboradas por FinRegLab, apuntan a que incorporar datos sobre los flujos de caja puede ofrecer una visión más completa de la capacidad financiera de una empresa que basarse únicamente en información histórica. Se trata de complementar el análisis tradicional con información más actualizada, no de sustituirlo.

En la misma línea, la OCDE destaca que el mercado de financiación para pymes incorpora cada vez nuevas fuentes de información para mejorar la evaluación del riesgo y ampliar las opciones de acceso a financiación.

El análisis financiero ya está evolucionando en esa dirección. A medida que las empresas generan y pueden compartir más información de forma segura, es probable que los modelos de evaluación sigan incorporando datos más recientes para complementar la información contable tradicional.

Un ejemplo de esa evolución es Open Finance, una iniciativa que busca facilitar el intercambio seguro de información financiera, siempre bajo el control y la autorización del cliente.

Más información para tomar mejores decisiones

El balance anual seguirá siendo una pieza fundamental del análisis financiero. No está desapareciendo ni va a dejar de ser relevante.

Lo que está cambiando es la forma de completar esa información.

Disponer de datos más recientes permite comprender mejor la evolución de una empresa, interpretar su situación con mayor contexto y adaptar el análisis a una realidad que cambia mucho más rápido que hace unos años.

En definitiva, el análisis financiero ya no consiste únicamente en mirar una fotografía del pasado. Cada vez se basa más en combinar esa información con datos que ayudan a entender cómo evoluciona una empresa en el momento en que se toma una decisión.

 

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