Una empresa que compra maquinaria incorpora un activo que puede identificarse, valorarse y, en determinados casos, utilizarse como garantía para obtener financiación. Pero ¿qué ocurre cuando la inversión se destina a software, digitalización, innovación o formación?

Son inversiones que pueden mejorar la productividad y la competitividad de una empresa, pero tienen una particularidad: buena parte de su valor es intangible y puede resultar más difícil utilizarlo como respaldo para obtener financiación.

No es un problema menor para las pymes. La propia Estrategia de Inversión del programa España Crece, publicada en el BOE en julio de 2026, señala que las pequeñas y medianas empresas tienen un acceso al crédito más limitado y oneroso que las grandes compañías, especialmente cuando invierten en digitalización, innovación o formación. Entre las razones apunta precisamente a las dificultades para valorar estos activos como garantía.

La cuestión que plantea va más allá del programa público: ¿por qué una inversión que puede ser valiosa para una empresa puede resultar, al mismo tiempo, difícil de financiar?

El valor de una inversión no siempre se puede tocar

Un activo intangible es aquel que carece de una forma física. Dentro de esta categoría pueden encontrarse desde determinados programas informáticos y desarrollos tecnológicos hasta patentes, propiedad intelectual u otros activos basados en el conocimiento.

Para una empresa, su valor puede ser considerable. Un nuevo software puede reducir tiempos de gestión; un desarrollo tecnológico, mejorar un producto; y una patente, proporcionar una ventaja competitiva durante años.

El problema aparece cuando se intenta trasladar ese valor al análisis de una operación de financiación.

Una máquina tiene unas características determinadas y puede existir un mercado en el que estimar su valor. Con un activo intangible, esa valoración puede ser bastante más compleja. Un software desarrollado específicamente para los procesos de una compañía, por ejemplo, puede tener un elevado valor para ella y mucho menos fuera de ese contexto.

Por tanto, que una inversión genere valor para el negocio y que pueda utilizarse como garantía son dos cuestiones diferentes.

¿Por qué los activos intangibles plantean más dificultades como garantía?

Cuando un financiador analiza una operación necesita valorar, entre otras cuestiones, la capacidad de la empresa para devolver los fondos y el riesgo que está asumiendo.

Las garantías pueden formar parte de ese análisis. Un activo físico permite estimar qué valor conserva y, en determinadas circunstancias, qué posibilidades habría de recuperarlo o venderlo.

Con los intangibles aparecen más variables. Su valor puede depender de la empresa que los utiliza, quedar obsoleto con rapidez o no existir un mercado suficientemente líquido que permita determinar cuánto se obtendría por él.

Pensemos de nuevo en dos inversiones de igual importe. Una empresa destina 100.000 euros a adquirir una máquina y otra emplea esos mismos 100.000 euros en desarrollar una solución tecnológica propia. Ambas pueden contribuir al crecimiento del negocio, pero no ofrecen necesariamente el mismo respaldo desde el punto de vista de una garantía.

Un problema que pesa especialmente sobre las pymes

Esta dificultad puede adquirir mayor importancia en las pequeñas y medianas empresas.

Una gran compañía suele contar con una estructura financiera más amplia, más activos y mayores posibilidades de diversificar sus fuentes de financiación. Una pyme puede disponer de menos garantías físicas aunque el proyecto que pretende desarrollar sea viable y tenga capacidad para generar ingresos.

Ese es precisamente uno de los problemas que identifica la estrategia España Crece al referirse a las inversiones en digitalización, innovación y formación.

La consecuencia es una situación aparentemente contradictoria: una empresa puede tener capacidad para devolver una financiación gracias a la evolución de su negocio y, al mismo tiempo, encontrar dificultades para aportar activos que sirvan como garantía de la operación.

Por eso, la valoración del riesgo empresarial no tiene por qué limitarse a determinar qué bienes físicos posee una compañía.

Si la garantía explica menos, otros datos ganan importancia

La capacidad de generar caja, la evolución de los ingresos, el nivel de endeudamiento, el historial de pagos o la calidad de los derechos de cobro también aportan información sobre la situación financiera de una empresa.

La digitalización de la información financiera está permitiendo, además, analizar algunos de estos datos con mayor detalle y frecuencia. Esto no significa que las garantías hayan dejado de ser relevantes, sino que no son la única fuente de información disponible para evaluar determinadas operaciones.

Este cambio es especialmente interesante en financiación alternativa, donde existen modelos que analizan el riesgo a partir de activos y datos distintos de las garantías físicas tradicionales.

Un ejemplo claro son los derechos de cobro generados por la propia actividad empresarial.

Una factura también es un activo que puede financiarse

Cuando una empresa vende a otra y emite una factura que cobrará dentro de 30, 60 o 90 días, ha generado un derecho de cobro.

En el anticipo de facturas, ese derecho puede utilizarse para obtener liquidez antes de que llegue su fecha de vencimiento. El análisis de la operación incorpora entonces información sobre la factura, la empresa deudora y la probabilidad de que el pago se produzca.

Por eso, como explicamos al analizar qué miran los inversores al financiar una factura, la valoración no depende únicamente del balance o de los activos físicos que pueda aportar la empresa que busca financiación.

No significa que el anticipo de facturas sirva para financiar directamente cualquier inversión intangible. Su función es diferente: convertir derechos de cobro futuros en liquidez disponible, que la empresa puede incorporar a la gestión de sus necesidades de circulante sin esperar al vencimiento de las facturas.

La diferencia sirve, sin embargo, para mostrar cómo la financiación empresarial puede analizar el riesgo utilizando información y activos distintos de las garantías físicas tradicionales.

¿Dónde encaja España Crece?

España Crece aborda parte de este problema desde el ámbito público. El programa pretende movilizar inversión hacia proyectos considerados estratégicos y contempla actuaciones relacionadas, entre otros ámbitos, con la innovación, la digitalización y el crecimiento empresarial.

Se trata de una iniciativa articulada a través del ICO y, por tanto, no debe confundirse con los modelos privados de financiación alternativa.

Su relevancia en este contexto está en otra cuestión: el diagnóstico que recoge su estrategia reconoce expresamente la dificultad que encuentran las pymes cuando necesitan financiar inversiones cuyo valor reside fundamentalmente en activos intangibles.

La aparición de instrumentos públicos dirigidos a afrontar esta limitación y el desarrollo paralelo de nuevas formas privadas de analizar el riesgo responden a realidades diferentes, pero parten de un mismo cambio en la empresa: una parte de su capacidad para generar valor ya no está necesariamente representada por activos físicos.

Financiar la empresa, no solo lo que se puede tocar

Software, conocimiento, tecnología, propiedad intelectual o derechos de cobro forman parte de una economía empresarial en la que el valor no siempre puede medirse contando máquinas, vehículos o inmuebles.

Eso plantea nuevos retos para la financiación. Una empresa sigue teniendo que demostrar que puede devolver los recursos que solicita y cada operación requiere evaluar su riesgo, pero la información utilizada para hacerlo puede ir más allá de las garantías físicas.

Para las pymes, entender esta diferencia también ayuda a plantear mejor sus necesidades financieras: qué quieren financiar, durante cuánto tiempo, qué capacidad de devolución tienen y qué activos o flujos genera su actividad son cuestiones distintas que deben analizarse conjuntamente.

A medida que cambia aquello en lo que invierten las empresas, también cambia la información necesaria para entender cómo pueden financiar esas inversiones.

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