La liquidez es uno de los grandes retos de cualquier empresa. No importa tanto cuánto se facture, sino cuándo se cobra y cuándo hay que pagar. En muchas pymes, sobre todo cuando empiezan a crecer, las tensiones de tesorería aparecen por una mala estructura de financiación del circulante.
En los últimos años, diversos informes han puesto el foco en este problema. Según el XIV Informe sobre Financiación de la Pyme en España, elaborado por CESGAR, casi la mitad de las pequeñas y medianas empresas españolas necesita financiación externa para cubrir sus necesidades operativas. Esto refleja una realidad bastante extendida: el circulante suele requerir apoyo financiero incluso en empresas sanas.
Por eso, más allá de buscar financiación cuando la caja empieza a tensionarse, conviene entender cómo estructurar correctamente la financiación del día a día de la empresa.
Qué entendemos por financiación del circulante
El circulante incluye todos los elementos que intervienen en el funcionamiento diario del negocio:
- cuentas a cobrar de clientes
- pagos a proveedores
- inventario o existencias
- gastos operativos recurrentes
Cuando los plazos de cobro son más largos que los plazos de pago, aparece lo que en finanzas se conoce como gap de circulante. Es decir, la empresa tiene que adelantar dinero para poder operar.
Este desfase es muy habitual en sectores donde los clientes pagan a 60, 90 o incluso 120 días, algo bastante frecuente en relaciones con grandes empresas o administraciones.
El informe Financing SMEs and Entrepreneurs 2025 de la OECD dice que este tipo de desfases sigue siendo una de las principales razones por las que las pymes recurren a financiación externa para sostener su actividad.
El error habitual: financiar el circulante siempre con pólizas de crédito
Durante años, muchas empresas han resuelto este problema recurriendo a pólizas de crédito bancarias. Son herramientas útiles y flexibles, pero depender únicamente de ellas puede generar varios inconvenientes.
En primer lugar, porque las pólizas suelen tener límites concretos y están sujetas a revisiones periódicas. Cuando el negocio crece o los plazos de cobro se alargan, esa línea puede quedarse corta.
En segundo lugar, porque concentrar toda la financiación en una sola herramienta puede reducir la capacidad de maniobra de la empresa. Si la póliza se agota, el margen de actuación se reduce.
Por eso, cada vez más compañías optan por diversificar las herramientas de financiación del circulante.
Cómo estructurar correctamente la financiación del circulante
Una forma más equilibrada de gestionar la liquidez consiste en combinar distintas herramientas financieras según el tipo de necesidad.
Crédito bancario para necesidades estructurales
Las líneas de crédito siguen siendo útiles para cubrir necesidades generales de liquidez, como gastos recurrentes o desfases puntuales de tesorería.
Son especialmente adecuadas cuando el volumen de operaciones es estable y relativamente previsible.
Anticipo de facturas para financiar las ventas
Cuando el problema de liquidez está relacionado con los plazos de cobro de los clientes, puede ser más eficiente financiar directamente esas facturas.
El anticipo de facturas permite convertir cuentas a cobrar en liquidez inmediata, reduciendo el tiempo que el dinero permanece inmovilizado en la empresa. En el caso de Finanzarel, por ejemplo, este tipo de operaciones se gestionan mediante un sistema de marketplace que conecta empresas con inversores interesados en financiar facturas comerciales.
Descuento de pagarés para operaciones comerciales concretas
Otra herramienta frecuente es el descuento de pagarés, especialmente en sectores donde este instrumento sigue utilizándose como medio de pago.
Permite anticipar el importe de un pagaré antes de su vencimiento, lo que facilita mantener el flujo de caja sin esperar al cobro final.
Financiación vinculada a pedidos o contratos
En algunos casos, la necesidad de circulante aparece incluso antes de emitir la factura, por ejemplo cuando hay que producir o comprar mercancía para atender un pedido.
En estos casos puede ser útil recurrir a soluciones específicas como la financiación de órdenes de compra o contratos comerciales.
Por qué cada vez más empresas diversifican su financiación
La tendencia a combinar distintas herramientas financieras no es casual. Según diversos análisis del sector financiero, las pymes buscan cada vez más flexibilidad y rapidez en el acceso a liquidez.
Además, la digitalización del sector financiero ha facilitado el desarrollo de nuevas soluciones de financiación alternativa que complementan a la banca tradicional.
En este contexto, estructurar bien la financiación del circulante permite a las empresas:
- reducir tensiones de tesorería
- liberar capacidad de crédito bancario
- adaptar la financiación al ritmo real de las ventas
- mejorar la planificación financiera
Una cuestión de equilibrio financiero
La financiación del circulante no debería abordarse únicamente cuando aparecen problemas de caja. Idealmente, forma parte de la estrategia financiera de la empresa.
Entender qué parte de la actividad requiere financiación, qué herramientas son más adecuadas en cada caso y cómo combinarlas puede marcar la diferencia entre una empresa que crece con estabilidad y otra que sufre tensiones de liquidez recurrentes.
En un entorno económico donde los plazos de pago siguen siendo largos en muchos sectores, contar con una estructura financiera flexible se ha convertido en un elemento clave para sostener el crecimiento.